No te compres manzanas podridas

¿Sabés cuanto más feliz vas a ser el día que dejes de emitir tus opiniones en base a la afirmación “la gente dice”? No circules con información podrida, con chismes, con rumores, con críticas sin hacerle caso a tu sentido común y tu capacidad reflexiva. Emití opiniones personales producto de tu análisis y no de lo que te dicen otros que escucharon.

¿Sabés quien queda mal o como un ignorante cuando emita una opinión, una crítica, un rumor o un juicio de valor sobre otra persona o sobre un acontecimiento sin haberse tomado el tiempo suficiente y de calidad para analizar toda la historia antes de hablar? Vos y sólo vos.

¿Sabés quienes se perjudican cuando hacés eso? Vos, la persona de la que estás hablando, el que te está escuchando pues recibe una información errada y en definitiva, todo el grupo de otras personas a las que les puede llegar la falacia que vos dijiste.

Uno suele informarse por los medios y los canales equivocados, incluso quienes dicen tener información muchas veces la brindan de manera subjetiva o de manera mal intencionada. Ya sea en el ámbito público como en el privado. Y eso puede producir muchísimo daño a muchas personas. Por ello, lo mejor es que pongas en juego tu inteligencia y capacidad deductiva para analizar la información que te llega antes de emitir una opinión. Y si la información no es suficiente, lo mejor que podemos hacer es callar. Eso nos convertirá en personas mucho más inteligentes de lo que somos hoy.

Existe un libro muy valioso –en términos de su valía educacional– de la colección de libros de la cantante Madonna, llamado “Las Manzanas del señor Peabody”. Cuenta la historia del señor Peabody, el profesor de historia y el entrenador del equipo de béisbol de la escuela de Happville. Un día, Tommy, un chico del pueblo, ve como el señor Peabody toma sin pagar una manzana del puesto de frutas del señor Funkadeli. Empieza a contárselo a todo el mundo y en poco tiempo ya lo sabe el pueblo entero. Todos piensan que el señor Peabody es un ladrón, pues Tommy hizo circular ese rumor en el pueblo. Al poco tiempo, cuando la noticia está instaurada, la gente le quita el saludo al señor Peabody y lo marginan. Hasta que otro niño, el pequeño Billy, le confiesa lo que se rumorea de él y porqué todos lo evitan. Al enterarse, el señor Peabody le pide Billy que lo acompañe hasta el puesto de frutas y el señor Fukadeli le explica al niño que el profesor suele dejar pagada la manzana por la mañana y retirar por la tarde sin avisarle, pues al ya estar paga no hace falta que se lo anuncie. Ante el asombro de Billy, el señor Peabody le pide que vaya a llamar a Tommy para que remedie su error y que le diga que traiga una almohada. Tommy con mucha vergüenza va a la casa del profesor a pedirle disculpas. El profesor lo recibe y le pide que lo acompañe con la almohada que trajo al campo de béisbol. Allí le dice que rompa la almohada y la agite al viento para que todas las plumas del relleno se vuelen y dispersen. Luego de vaciar la almohada, Tommy le pregunta al profesor qué debe hacer ahora y el profesor le contesta: “Ahora tienes que ir a recoger todas las plumas”. A lo que Tommy le contestó: “Me parece que es imposible recoger todas las plumas”. Entonces, como enseñanza el señor Peabody le dijo: “Pues será igual de imposible que reparar el daño que has causado haciendo correr el rumor de que soy un ladrón. Cada pluma representa a un habitante de Happville”.

Si tuviésemos que dejar una moraleja: claramente es que un rumor es fácil de expandir pero resulta muy difícil reparar el daño que pudiera causar. Por eso, lo mejor es no hablar sin conocer. Mucho mejor quedarse en silencio.

Cambiá el chip, no compres manzanas podridas, mejor analizá lo que te dicen o te cuentan y no te conviertas en una persona que repite sin pensar lo que está diciendo. Eso nos hará mejores personas y propiciará una sociedad más respetuosa y justa.

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