ESTE MUNDIAL LO GANAN LOS NIÑOS

Una reflexión de psicólogo Miguel Espeche. Especialista en educación, sobre cómo transmitir valores en cada partido.

MIGUEL ESPECHE ES UN RECONOCIDO PSICÓLOGO Y PSICOTERAPEUTA ESPECIALIZADO EN EDUCACIÓN QUE DESDE EL AÑO 1988 TAMBIÉN DESARROLLA UN PERFIL PROFESIONAL CENTRADO EN EL PERIODISMO DE REFLEXIÓN, EN SU CALIDAD DE COLABORADOR DE MEDIOS COMO EL DIARIO LA NACIÓN, LA REVISTA SOPHIA Y EN PROGRAMAS DE TELEVISIÓN ABIERTA Y POR CABLE. HA ESCRITO DOS LIBROS: “PENAS DE AMOR, CASOS REALES Y ACTITUDES FRENTE AL DOLOR EMOCIONAL” Y “CRIAR SIN MIEDO”, DIRIGIDO A PADRES. DESDE 1997 SE DESEMPEÑA COMO COORDINADOR GENERAL DEL PROGRAMA DE SALUD MENTAL BARRIAL DEL HOSPITAL PIROVANO, QUIZÁS EL MÁS EXTENSO PROGRAMA DE PROMOCIÓN DE LA SALUD MENTAL DE LA REGIÓN, QUE CONSISTE EN UNA RED DE MÁS DE 200 TALLERES DE AYUDA MUTUA A LOS CUALES ASISTEN MILES DE PERSONA POR SEMANA.

LA REVISTA DOC LO CONVOCÓ PARA QUE COMPARTIERA CON NUESTROS LECTORES UNA REFLEXIÓN “MUNDIALISTA”, QUE NOS PERMITA A LOS ADULTOS TENER HERRAMIENTAS PARA SACAR PROVECHO DEL EVENTO DEPORTIVO DEL AÑO, SABIENDO QUE SE NOS PRESENTA UNA OPORTUNIDAD PARA TRANSMITIRLES VALORES ESENCIALES A LOS NIÑOS, HACIÉNDOLES VER QUE EL TRIUNFO Y EL FRACASO NO SON LA VIDA Y LA MUERTE, Y QUE SE PUEDE CONVIVIR CON AMBOS ESTADOS.

¿Cuál es el “buen ejemplo” que podemos tomar de un Mundial de Fútbol?

El buen ejemplo está en la pasión puesta en función de los colores de una camiseta que nos representa a todos, en la alegría, en la diversión; todo este folclore futbolístico es un buen ejemplo cuando no desbordan los criterios del sentido común.

Los partidos pueden generar frustraciones o una sobrevaluación de la victoria. ¿Cómo podemos “nivelar” y poner en su punto justo esos sentimientos?

Los chicos disfrutan cuando las cosas son puestas como juego y no como una real situación de vida o muerte. Cuando ellos ven que los adultos no están apasionados, sino angustiados o violentos, es ahí cuando los chicos se angustian y una forma de manifestar esa angustia es copiando a los adultos. Eso es muy negativo, sobre todo cuando con tal de ganar uno está a favor de cualquier cosa, un criterio ganador que transgrede a todas las normas y pone a la victoria por sobre toda la nobleza deportiva. Es verdad que la posibilidad de perder siempre está vigente y hay que tener un plan B emocional, encontrarle sentido a la experiencia más allá de ganar. El equipo, la entrega. Y poner ejemplos de la propia vida, porque alguna vez nos han derrotado por goleada, no nos han salido las cosas y siempre hemos salido adelante. No debemos trasladarle a los jugadores nuestras propias frustraciones, es allí cuando los chicos mal aprenden y empiezan a violentarse porque no sirve eso. El fútbol está teniendo una función, en esa circunstancia, de tacho de basura donde estamos poniendo lo peor de nosotros. Y la única alternativa parece ser la victoria, y ese pensamiento nos deja expuestos a una gran presión y si usamos esa misma presión para nuestra propia vida, estamos muy mal. Entonces los chicos deben comprender que los adultos valoramos otras cosas que van más allá de la victoria numérica del resultado de un partido, como las victorias sobre las propias debilidades, sobre la adversidad y la nobleza con la que uno va hacia adelante ante cualquier hecho de la vida. Eso es lo que hay que destacar y evidenciar en cada partido del Mundial: el compañerismo del equipo, saber perder y qué es ganar en los distintos niveles. Porque ganar no es hacer más goles sino poner el corazón. Hay una gran diferencia entre querer mucho algo y hacer cualquier cosa para logarlo.

¿Cómo podemos capitalizarlo como un encuentro familiar?

El Mundial suele ser un acontecimiento que junta a toda la familia, a hombres y mujeres, a grandes y chicos, que se ponen la camiseta y cuelgan la bandera argentina, que simbolizan la unión de un pueblo bajo un objetivo o un sueño que va más allá de todas las diferencias. Y esto los chicos lo disfrutan, lo vivencian, incluso cuando se nos puede caer una lágrima de tristeza, de bronca o de angustia cuando perdemos un partido, pero deben comprender que las cosas importantes también están en otro lado. En ese encuentro familiar por ejemplo.

COMPARTIR LA MESA

Queremos recuperar un par de reflexiones que nos dejó Miguel Espeche hace cinco años atrás, cuando lo entrevistamos por primera vez para esta revista. Creemos que siguen vigentes y nos permitirán revivir el hábito de la conversación familiar en torno a la mesa como punto de encuentro cotidiano.

El cansancio diario de los adultos promueve el silencio, los celulares y la tele encendida. ¿Cómo se combate?

La tele no está mal como un programa excepcional, sentarse a ver una serie una vez a la semana y compartirla en familia. O quizás, incluso se pueda interactuar con los celulares en familia, pasándose datos, ayudándose entre los grandes y los chicos, aprendiendo juntos funciones nuevas de los aparatos. Hay que salir jugando desde donde está la pelota. Si ves que si le pedís a tus hijos que apaguen el celu y no lo hacen, bueno, buscá la manera de que el amor obre a través de ese momento. La verdadera solución sería vivir un día lo suficientemente interesante como para poder contarlo en la mesa. No olvidemos que el amor está, en las familias habita el amor, el tema es que circula por distintos lugares.

¿Y cómo se insertan los abuelos en esa mesa?

Cuando el abuelo tiene onda, el nieto se acerca y comparte momentos con ellos. Hay que ver para qué usaron los años esos abuelos. Existen personas que confunden amor con ansiedad, esta última es provocada por el aburrimiento, y es la que los lleva a acaparar a sus nietos y taladrar las cabezas de sus hijos, está bueno que valoren sus años y los compartan con generosidad.

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