Enfermedades Reumáticas: Fibromialgia

La Fibromialgia en una enfermedad cuyos síntomas principales son dolor en los músculos y tejidos fibrosos como tendones y ligamentos. Afecta mayormente al sexo femenino y aún no puede afirmarse que sea una enfermedad autoinmune.

La fibromialgia se puede manifestar a cualquier edad tanto en ancianos como en niños, pero la edad media de inicio es entre los 40 a 50 años aproximadamente. Afecta del 2 al 4% de la población, no es muy bien conocida por la comunidad, e inclusive también es ignorada por algunos médicos.

¿Cuáles son los principales síntomas?

La principal manifestación clínica de los pacientes con fibromialgia es el dolor, cuya intensidad puede variar desde un leve incremento en las áreas sensibles hasta ser tan intenso que provoca una incapacidad funcional que obliga en oportunidades a no poder realizar las tareas habituales o laborales. Puede acompañarse de un endurecimiento o rigidez por la mañana que puede durar pocos minutos o prolongarse en varias horas.

Es un dolor crónico difuso y generalizado, de manera tal que duele todo el cuerpo. Si bien el dolor es difuso, hay sitios donde el dolor es mucho más intenso (“puntos dolorosos”), como puede ser el cuello y región lumbar, hombros y caderas.

Periódicamente suelen ocurrir, tanto en miembros superiores como inferiores y con especial localización en manos y pies, sensaciones como hinchazón de manos, hormigueos, adormecimiento, pinchazos, quemazón, ardor, calambres. Del mismo modo presentan dolores de cabeza que pueden ser difusos o de tipo migrañoso. Este último se describe como un dolor agudo que suele tomar mitad derecha o izquierda de la cabeza. Las molestias pueden acentuarse con los cambios climáticos, estados de tensión emocional o ejercicios muy intensos.

Casi el 80% de los pacientes presenta alteraciones con el sueño. Afirman tener dificultad para conciliar el mismo, mantenerlo y al despertar sienten un gran cansancio. Se trata de un sueño no reparador, interrumpido, fraccionado, en el que varias veces el paciente se despierta por la noche.

El cansancio es otra de las manifestaciones importantes que aparece en el 90% de los pacientes con ésta patología. Es un síntoma constante, no mejora con el reposo y se agrava con las actividades, con sensación de falta de fuerza, que impide emprender cualquier actividad física. Inclusive los ejercicios intensos o con carga excesiva producen también dolor, con la consecuente negación a realizarlos.

Otras manifestaciones que pueden presentarse son la sequedad en la boca y los ojos, mareos, inestabilidad, palpitaciones, o cambios de coloración en manos acompañados con sensación de frialdad. La micción imperiosa, es otro síntoma que obliga al paciente a orinar varias veces día y noche, como si fuera una cistitis infecciosa que en realidad no es.

Aproximadamente un 30% de los pacientes pueden presentar alteraciones del estado de ánimo. El paciente se siente nervioso, con un estado de ansiedad importante, angustia y dificultad para relajarse. Puede presentar también momentos de tristeza, que conducen a un estado de depresión.

¿Por qué se desencadena la enfermedad?

La causa es desconocida. Podría deberse a una predisposición genética, alteraciones de tipo hormonal o infecciones de diversa índole, o por traumas tanto físicos como emocionales.

Se ha comprobado que el riesgo de padecer la enfermedad entre los familiares de pacientes con Fibromialgia es 8,5 mayor que en la población general. Existe una agregación familiar, esto significa que muchos factores de riesgo de enfermedades comunes se presentan con mayor frecuencia en grupos familiares, lo cual determinaría que puede haber cierta predisposición genética a desarrollarla.

Diagnóstico y tratamiento

Resulta difícil diagnosticar la enfermedad ya que al momento no existen determinaciones certeras de laboratorio ni tampoco alteraciones radiográficas, ecográficas o de resonancia magnética que confirmen el diagnóstico. De todas maneras, es muy útil solicitar todos los estudios necesarios para poder descargar otras patologías.

El tratamiento debe ajustarse a cada caso en particular, orientado a reducir el dolor y brindar al paciente una mejor calidad de vida. Dar una explicación de la patología, es importante dado que ocasiona un alivio emocional para el paciente, tras haber recorrido varios consultorios médicos sin un diagnóstico preciso o aún peor, con diagnósticos incorrectos. Incomprendido por su familia y amigos, es fundamental la educación de los mismos, brindando también una amplia explicación de la enfermedad, lo cual favorece el tratamiento del paciente.

El ejercicio contribuye a mejorar síntomas como dolor o cansancio. La actividad física debe ser de tipo aeróbica y de bajo impacto como gimnasia subacuática, natación, caminatas, ejercicios sin cargas excesivas, inclusive tai chi, o diferentes tipos de bailes. Realizar ejercicios de alto impacto, como levantamiento de pesas, podría agravar los síntomas. Es por eso que la actividad física debe ser siempre graduada y progresiva de acuerdo a las limitaciones de cada paciente.

El apoyo psicológico con técnicas especiales, colabora a enfrentar la enfermedad y a controlar la ansiedad y la depresión que la enfermedad puede ocasionar.

En el tratamiento farmacológico se utilizan analgésicos comunes como paracetamol o algunos otros más potentes como el tramadol. Además existe un grupo de medicamentos que actualmente han demostrado ser muy beneficiosos. De todos modos, sugerimos no automedicarse bajo ninguna circunstancia así como también evitar terapias alternativas que posterguen el diagnóstico. Como en otras entidades reumáticas es importante el diagnóstico precoz, que permitirá la instalación rápida del tratamiento más apropiado.

Para mayor información sugerimos ingresar a www.reumaquiensos.org.ar.

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